¿Lees novela erótica? ¿Te has corrido alguna vez cuando tus ojos se deslizan por las palabras escritas en páginas amarillentas, mientras sientes los latidos atenazando tu polla caliente y dura en el pantalón vaquero?

¿No has sentido como un escalofrío recorre tu espalda desde el pubis, dándote la sensación de que necesitas aire... o mejor, una boca que recorra esa verga erguida desde su base hasta la punta? Muy mojada, mucha saliva caliente resbalando por unos labios carnosos pintados de rojo que se desdibujan manchando el rostro femenino.

Mi rostro...

En su defecto puedes masturbarte, agarrar firmemente tu polla con la mano, rodear el capullo con los dedos gruesos y sentirla palpitar. Gemir.

¿Quieres correrte leyendo novela erótica? ¿Quieres que escriba porno para ti? ¿Quieres recordar estas palabras mientras estás conduciendo, acostado en la cama, o duchándote? ¿Quieres sentir como se te pone dura cuando el agua acaricia tu culo al entrar en el mar? ¿Quieres imaginarme jadear tu nombre mientras estamos separados, fantasear con cómo me masturbo tirada sobre la alfombra de mi dormitorio, como me penetro yo misma y me lamo los pezones... pensando en ti?

Como me estremezco al correrme... gritando tu nombre.

Imagina leche condensada resbalando por mis nalgas. Y ahora imagínala resbalando por mi coño rasurado. Imagina que la lames, que la chupas entera, y que yo te acompaño. Que nos pringamos entre sudor y azúcar.

Y ahora imagina que no es leche condensada...

¿Quieres?

Yo quiero que te corras pensando en mí.

Puedo hacer que te corras pensando en mí.

Puedo.

Puedo escribirte las cosas más calientes.

Puedo.

¿Quieres?

lunes, 18 de marzo de 2013

Decir adios...

Estoy asustada… Lo reconozco.

Te miro, tumbado en la cama, y pienso que esta es la última vez que te beso. Y la última vez que pruebo tu piel…

He decidido dejarte.

Duermes plácidamente tras el orgasmo. Me diste de beber, como tantas veces antes. Me atraganté con el hambre que llevaba de ti… y al final vuelvo a quedar en nada.

Vacía…

Agacho la cabeza, rendida. No tengo más fuerzas para continuar. Desgraciadamente, las ganas que tiraban de mi cuerpo hace unos meses han desaparecido, bajo el agotamiento y la sensación de estar estancada. No hay nada que hunda más a una mujer como yo… que sentirme poco a tu lado. Poco apreciada, poco querida…

Saber que debe haber algo más allá de un buen sexo cuando compartes lecho con un hombre no es bueno… cuando no se tiene. Estoy sola, me siento sola…

Me haces sentir sola.

La habitación huele a ti, a sexo desbocado y a confidencias… solo mías. Me he acostumbrado a pensar que si al menos los silencios los relleno yo… no son silencios.

Pero sí lo son.

Tus gemidos contra mi cara al menos me confiesan que me deseas, y que tu polla se enerve cada vez que muestro algo de piel, cada vez que me sueñas, cada vez que te susurro que te deseo… Eso habla de ti.

Pero tú no hablas…

¡Tantas ganas de conseguir que realmente me mires a los ojos y compartas tu intimidad conmigo! Tan poco me ofreces, tan mínima es la esperanza de conseguir una mejoría…

Ahora duermes, tras el orgasmo; la polla rendida y mojada tras haber disfrutado del calor de mi cuerpo. La boca torcida, en un rictus de sonrisa, y la respiración por fin normalizada, después de haber embestido con fuerza contra mi culo ofrecido. Yo también he gemido… pero ahora mi respiración se entrecorta por otro motivo.

Estoy llorando…

No te gustaría verme llorar; de pena, de rabia, de impotencia. Te voy a decir adios y no creo que quieras verme hacerlo llorando. La imagen que quiero que conserves es la del último orgasmo que me brindaste, mi labio mordido cuando acariciabas mi rostro, mi boca rendida a la dureza de tu polla cuando me dabas de beber…

Conserva esa imagen… no la de mi derrota ahora que mi cabeza no se levanta con el ánimo de mirarte a los ojos; cuando ya, decidida a seguir sola, no brillan como cuando se ilusionaban en tu presencia.

Ahora lloro…y hace nada gemía…

La maleta lleva hecha semanas… y lo único que faltaba por guardar era la ropa interior con la que te brindaba mi imagen. Ni de eso te has dado cuenta… El armario está vacío, y no has notado el hueco que he dejado…

Al menos esa ausencia sé que la notarás en la cama…

Ser solo tu amante podrá ser para ti suficiente, pero a mí ha dejado de bastarme. He llegado tan lejos como mi espíritu me ha dejado… Pero ahora ya no puedo vestirme de encaje y ofrecerme a tus ojos. Separar las piernas para ti, dejarme oler, dejarme saborear…

Ahora lloro.

Sé que no te gustan mis lágrimas. Y por eso me voy… Sin que me sientas partir, y sin que te de pena ver que lo hago con la cabeza agachada.



4 comentarios:

  1. Creo que hay cosas que no pueden cambiar...

    ...y otras que no deberían haberlo hecho.

    Un Canalla

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  2. Todo cambia y sigue igual. ¿Quién mojará tus lágrimas cuando estén secas?

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